ATAQUE DE PÁNICO
El problema aparece cuando la persona comienza a temer los propios síntomas, vive con un miedo constante a que el ataque vuelva a repetirse o empieza a modificar su vida para evitarlos. En ese momento, el pánico deja de ser un episodio puntual y pasa a ocupar un lugar central, condicionando decisiones, rutinas y la forma de estar en el mundo.
¿Qué hacer si tengo un ataque de pánico?
Lo primero es recordar que no estás en peligro: aunque las sensaciones son muy intensas (palpitaciones, sensación de ahogo, mareo, temblor, miedo a morir o a perder el control), el ataque no es peligroso y tiene un final. Intenta anclarte al presente: siente el contacto de tus pies con el suelo, dirige la atención a tu respiración lenta y profunda, y repítete: “Esto es un ataque de pánico, no es peligroso, y pasará”. Después, es recomendable buscar ayuda psicológica para comprender por qué aparecen y aprender a prevenirlos.
En lugar de evitar la ansiedad es mejor aguantar el malestar, ya que eventualmente irá disminuyendo.
El cerebro no distingue entre realidad e imaginación. El mismo mecanismo que nos preparaba para huir o luchar ante un peligro físico puede activarse hoy ante una sensación corporal, un pensamiento catastrófico o una situación que interpretamos como amenazante.
El problema aparece cuando la persona comienza a temer los propios síntomas, vive con un miedo constante a que el ataque vuelva a repetirse o empieza a modificar su vida para evitarlos. En ese momento, el pánico deja de ser un episodio puntual y pasa a ocupar un lugar central, condicionando decisiones, rutinas y la forma de estar en el mundo.
En este espacio, exploraremos qué son realmente los ataques de pánico, por qué aparecen y cómo romper con “el miedo al miedo”. Comprenderlos es el primer paso para recuperar la sensación de control y volver a habitar el cuerpo y la vida con mayor calma y seguridad.
Recuerda que, si lo necesitas, puedes concertar una sesión conmigo para profundizar en este tema de forma totalmente personalizada a tus necesidades.
¿Qué son realmente los ataques de pánico?
Los ataques de pánico son episodios breves pero muy intensos de activación del sistema de alarma del organismo. Aparecen de forma repentina y se acompañan de síntomas físicos y mentales muy llamativos, como palpitaciones, dificultad para respirar, mareo, sensación de irrealidad o miedo intenso a perder el control o a morir. Aunque la experiencia es profundamente angustiante, los ataques de pánico no son peligrosos ni dañinos para el cuerpo.
¿Cómo funcionan?
Durante un ataque de pánico, el sistema nervioso activa de manera brusca la respuesta de lucha o huida. El organismo interpreta, de forma errónea, que existe una amenaza grave e inminente, y reacciona liberando adrenalina. Esta activación prepara al cuerpo para sobrevivir: aumenta el ritmo cardíaco, se acelera la respiración, se tensan los músculos y la atención se centra en el posible peligro.
El problema es que esta respuesta aparece sin un riesgo real, por lo que la persona siente que su cuerpo “se ha descontrolado” sin motivo aparente.
¿Por qué el cuerpo reacciona de esa manera?
El cuerpo no distingue entre una amenaza real y una amenaza percibida. Una sensación corporal intensa, un pensamiento alarmante o una situación asociada a experiencias previas pueden ser interpretadas como peligrosas. El cerebro, especialmente las áreas implicadas en la detección de amenaza, activa el sistema de alarma antes de que la parte racional pueda evaluar lo que está ocurriendo.
Esta reacción automática es rápida, potente y diseñada para proteger, aunque en el caso del pánico resulte desproporcionada y confusa.
El papel de los pensamientos, las sensaciones físicas y su interpretación
Los ataques de pánico suelen mantenerse por un círculo que se retroalimenta:
Sensaciones físicas: aparecen cambios normales de la activación (palpitaciones, respiración rápida, presión en el pecho).
Pensamientos: la persona interpreta estas sensaciones de forma catastrófica (“me va a pasar algo grave”, “me estoy volviendo loca”, “no podré controlarlo”).
Interpretación: esta lectura alarmista incrementa el miedo, lo que a su vez intensifica las sensaciones físicas.
Aumento del miedo: cuanto más miedo, más activación, cerrando el círculo del pánico.
No son las sensaciones en sí las que provocan el ataque, sino el significado que se les atribuye.
Comprender este funcionamiento permite romper el miedo al miedo, reducir la lucha contra los síntomas y empezar a recuperar la confianza en el propio cuerpo. La psicoeducación y el acompañamiento terapéutico ayudan a transformar la experiencia del pánico en algo comprensible, manejable y, con el tiempo, cada vez menos presente.